miércoles, 8 de abril de 2015

Periciales “raras” y sector privado. En especial, la pericial sociolingüística


No hace mucho, en uno de mis viajes a Madrid, un miembro de la Guardia Civil me comentó que a nivel policial tenían un problema: las fuerzas policiales tienen excelentes peritos en algunas materias pero no pueden acreditar los méritos o formación de los mismos.

Planteemos el dilema de otra manera: un perito policial, que puede no estar ni siquiera licenciado en una materia y haber seguido la autoformación ¿va a saber más que un catedrático universitario de esa misma materia y que sostenga lo contrario en el juicio? Evidentemente, la cuestión formativa va a salir a relucir desde el momento en que la defensa sepa que va, al menos formalmente, con un peso pesado en su bando.

Una vez tuve un asunto que solucionó el ERAT de la Guardia Civil, una unidad absoluta e indiscutiblemente de élite en lo que a reconstrucción de accidentes de tráfico se refiere. No voy a dedicarles más hueco en este post porque se merecen uno sólo para ellos, si bien la idea de excelencia que ellos representaron para mí es a lo que me refiero. Funcionarios con una grandísima cualificación, que ha participado y sido formada incluso en el extranjero y que te hacen ganar los juicios “con la gorra”.

Sin embargo, las nuevas tecnologías, o las antiguas remozadas, hacen que en determinados asuntos puedan no encontrarse profesionales en el sector público de los que se pueda tirar con garantías. Otras veces puede que como víctima del delito nos pueda interesar aportar nuestra propia pericial, si tenemos dinero para la misma, o explorando las vías de la ley de asistencia jurídica gratuita.

Pensemos en un anónimo que se imputa a un trabajador, enviado al jefe y que ocasiona un despido disciplinario.
Pensemos en un monte, donde se imputa un fraude de subvenciones, y donde hay que determinar la edad de los árboles.
Pensemos en una pericial medioambiental.
Sin ir muy lejos, en el caso “Bretón” la prueba pericial antropológica realizada.

La pericial sociolingüística
Ya que tengo a un perito en la familia, sin saberlo él mismo, vamos a exponer algunos detalles de la misma, por si se anima a dedicarse a ese camino tan ignoto hasta la fecha. En nuestro CENDOJ no he visto ni una sentencia que la haya valorado, probablemente porque nunca se haya pedido por nadie.

Mi padre es Catedrático de Filología Hispánica y, aunque no nos hemos pisado nunca el sembrado, lo cierto es que hay una obra suya que me parece muy interesante al respecto de lo que estamos tratando. En su obra El Quijote apócrifo y Pasamonte, se hace un recorrido sobre el uso de palabras, giros, expresiones y un sinfín de datos, que determinan su idea sobre el verdadero autor del Quijote apócrifo.

Saltando a nuestro tiempo, la “pericial sociolingüística” puede aportarnos numerosos datos para imputar o exonerar a una persona de un texto determinado. Pensemos que si no estamos ante un documento vocal, donde cabría la prueba fonométrica ya vista al menos dos veces en este blog, o un documento manuscrito, la posibilidad de dilucidar la verdadera autoría pasa, necesariamente, por atender a cuestiones morfosintácticas y léxicas. Sigo bastantes blogs pero hay uno que sobre este particular me ha llamado bastante la atención. El perito Juan Carmelo Monge de Barakaldo (Bilbao), en su blog que se puede encontrar AQUÍ, tiene 47 entradas al respecto de lo más interesantes, sin perjuicio de otras etiquetas en el lateral derecho. Contra las nuevas formas de la delincuencia hay que ir cambiando el chip y, de paso, le acabo de dar unas ideas a mi padre y a abejorro para entretenerse.


Pensamiento del día: La mente es como un paracaídas. Sólo funciona si la tenemos abierta. Albert Eistein.

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